El espejo invisible

FICHA TÉCNICA

  • Título: Adú
  • Año: 2020
  • País: España
  • Director: Salvador Calvo
  • Guion: Alejandro Hernández
  • Música: Roque Baños
  • Fotografía: Sergi Vilanova
  • Reparto: Luis Tosar, Anna Castillo, Moustapha Oumarou, Álvaro Cervantes, Miquel Fernández, Zayiddiya Dissou, Jesús Carroza, Ana Wagener, Nora Navas, Marta Calvó, Josean Bengoetxea, Jose María Chumo, Candela Cruz, Rubén Miralles, Emilio Buale
  • Productora: Ikiru Films / La Terraza Films / Telecinco Cinema / ICAA / Mediaset España / Mogambo / Netflix
  • Género: Drama. Inmigración. África

SINOPSIS

En un intento desesperado por alcanzar Europa y agazapados ante una pista de aterrizaje en Camerún, un niño de seis años y su hermana mayor esperan para colarse en las bodegas de un avión. No demasiado lejos, un activista medioambiental contempla la terrible imagen de un elefante, muerto y sin colmillos. No solo tiene que luchar contra la caza furtiva, sino que también tendrá que reencontrarse con los problemas de su hija recién llegada de España. Miles de kilómetros al norte, en Melilla, un grupo de guardias civiles se prepara para enfrentarse a la furibunda muchedumbre de subsaharianos que ha iniciado el asalto a la valla. Tres historias unidas por un tema central, en las que ninguno de sus protagonistas sabe que sus destinos están condenados a cruzarse y que sus vidas ya no volverán a ser las mismas.

CRÍTICA

«¿Sabes qué me dijo un día mi abuelo, que era muy rojo?, que si Francia hubiera colocado una valla al igual que la de Melilla para contener y frenar el exilio republicano tras la Guerra Civil, Franco no hubiera muerto en la cama». «Nosotros con esa valla no les queremos decir que no son bienvenidos, sino que ellos mismos deben arreglar sus problemas en su país».

No hace falta decir más. Estas dos frases-sobre todo la primera-, pronunciadas por un Guardia Civil en un fragmento de la película, bastan para resumir el ideario -no todo, claro está- de España y Europa respecto a los refugiados y el drama migratorio africano a la perfección. No es nuestro problema que lo paséis mal, que no tengáis libertades ni democracia, que viváis con miedo y en condiciones paupérrimas; arreglároslas vosotros mismos.

En una entrevista enmarcada en mitad del estreno de su última película, ‘Mientras dure la Guerra‘ –ganadora de 5 Premios Goya en la edición celebrada el pasado mes de enero-, el director Alejandro Amenábar evocó que el cine debe tener una función de pensamiento crítico, hacer reflexionar a los espectadores ante las situaciones que se exponen y retratan mediante las cámaras, más aún cuándo abordan temáticas crudas y espinosas como son el drama de los refugiados y la inmigración y las erráticas e injustas respuestas que desde Europa se lanza para solventar ambos problemas.

Desde luego, Amenábar lleva una gran parte de razón. La función cultural y crítica que transmite el cine es muy poderosa y el mensaje que contiene en muchas de sus películas, aparte de ser positivo en diversas ocasiones, busca remover conciencias. Por eso el cine es importante. Por eso el cine es cultura. Más allá de la diversión y el entretenimiento, está el aprendizaje, la empatía, la comprensión, el respeto y la tolerancia.

Adú‘ es exactamente eso. Una cinta que incita a la compresión de los espectadores ante un drama tan desolador, al igual que silenciado, como lo es la crudeza de la inmigración en España y el enfoque y la mentalidad con el que lo apreciamos como europeos, no solo como españoles. Una película dura, pero necesaria. Emotiva, e intensa al mismo tiempo. Triste, pero cierta.

Resulta tremendamente interesante, a la vez que significativo, que documentales como ‘Nuestra vida como niños refugiados en Europa‘ (Silvia Venegas, 2019) o películas como la francesa ‘Los Miserables‘ (Ladj Ly, 2020) fueran galardonados en los Premios Goya de este año con sendas estatuillas, ya que denota la importancia de la presencia y fuerza que está cobrando este género y estilo cinematográfico en el séptimo arte. Del interés y acogida que está teniendo poco a poco para la población como para las propias academias y empresas audiovisuales.

Y no es para menos, ya que, aunque el tema central de la película sea la dura travesía que dos hermanos africanos realizan huyendo de la pobreza y la crueldad permanente de su país, Camerún, hacia la próspera y rica Europa llena de oportunidades. Salvador Calvo (‘1898: Los últimos de Filipinas‘, 2016) también introduce asuntos de candente actualidad como la conciencia animalista y el respeto a la biodiversidad, representándolo en la caza furtiva de animales salvajes en África con una enorme crudeza y el endémico e irresoluble problema de la valla de Melilla.

Todo ello representando cada una de las partes en el conflicto exponiendo los relatos y hechos de cada una de las partes, como es el caso de la valla de Melilla. Tanto en el lado de la Guardia Civil, que lidia con el problema en la valla, como de los que arriesgan su propia vida en escapar del infierno que les atormenta por encontrar un futuro mejor. Si es cierto que Calvo gira ligeramente más la atención hacia el drama migratorio en un ejercicio de empatía, caridad y comprensión hacia esta parte de la historia.

Más allá de las tres ramas que componen la película, todas las historias y relatos que componen la cinta encierran un significado y mensaje común: la desilusión, el miedo, la crueldad, la sinrazón, la impotencia, la frustración, la indiferencia, el todo por el dinero, la incomprensión y la falta de empatía, la tenacidad, la soledad… y un sinfín de emociones y sentimientos que permean dichas narraciones. Historias que, en realidad, es una sola pero contada desde varios lugares y distintas perspectivas. Esto es así puesto que se las tramas se entrelanzan y, en diversas ocasiones, se cruzan y mezclan entre sí. Una apuesta valiente y correcta de Calvo.

A pesar de esto, Calvo también nos recuerda que pese al pesimismo que puedan inundar la mayoría de estas historias, podemos apreciar igualmente en ellas momentos de luz, alegría, júbilo y hasta reconciliación, aunque sean escasos, pero igual o más relevantes que el resto. Claroscuros que forman parte de sus historias y de las nuestras en algún momento.

‘Adú’ es también una película en la que Calvo emplea los contrastes como un instrumento de denuncia, injusticia y esperpento en varias ocasiones. Resalta las enormes brechas y diferencias que pueden existir en tan poco espacio transmitiéndole al espectador dos mundos completamente diferentes, algunos de ellos expuestos en una sola escena: la imagen de un avión destrozado y otro despegando desde un aeropuerto, el discurso antiinmigración y racista frente a las miles de historias de todos aquellos que arriesgan su vida por encontrar un futuro mejor, turistas acomodados en un avión frente a niños resguardados y escondidos en una pequeña cabina en la que se pliega la rueda de un avión cuándo está volando, el jolgorio en una fiesta en Marruecos frente a la violencia y las penurias en poblados y ciudades africanas con una pobreza lacerante…

Uno de los elementos más potentes de la película es, sin lugar a dudas, el pequeño Adú. Sin obviar el magnífico dúo actoral TosarCastillo, Moustapha Oumarou es la gran y principal estrella de la cinta. Por protagonismo, por su desgarradora historia y por su soberbia interpretación detrás de las pantallas. Esa candidez, ternura e inocencia que transmite el pequeño protagonista de 6 años conjuga de una manera colosal e innegable con su triste y desgarradora historia. Conservar esa luz y sonrisa en el rostro a pesar de las adversidades, a pesar de los miedos, y con una predisposición y firmeza envidiable. Seguramente, una buena manera de recordarnos a todos de que, al fin y al cabo Adú, y todos los niños africanos que hacen una tortuosa travesía hacia Europa, no son más que simples niños sin futuro y nada que perder, pero con una historia que contar.

Otro de los componentes fuertes y llamativos de la cinta es su fotografía, cuya calidad es potente y fuera de toda duda.El trabajo en este sentido de Sergi Vilanova se hace notar en todas y cada una de las imágenes de la película: los paisajes naturales africanos, las miradas de cada uno de los personajes, las ciudades y poblados africanos, las miradas vacías e inexpresivas del protagonista -Adú- y otros personajes, etc. Este elemento, unido a la genial banda sonora compuesta por el músico por excelencia del cine español, Roque Baños, forman una mezcla explosiva que funciona a la perfección y dota al largometraje de una calidad indudable. En este sentido, hay que tener en cuenta la suerte que tiene Calvo de haber contado en su equipo con buenos fotógrafos en sus dos últimas películas: Álex Catalán en ‘1898’, y Vilanova en ‘Adú’. Por otro lado, es preciso destacar el ritmo in crecendo de la película con una tensión palpable en varios retazos del largometraje capaz de sobrecoger emocionalmente al espectador.

Con títulos muy esperados esperados por todo el público como ‘Aves de Presa‘, ‘Bombshell‘, ‘Jojo Rabbit‘, ‘Bad Boys for life‘ o una de las triunfadoras anoche en la gala de los Óscars, ‘1917‘; y aún con la resaca y la vista puesta en la gala de los Premios de la Academia que tuvo lugar la pasada madrugada del 9-10 de febrero, resulta admirable y todo un éxito que ‘Adú’ haya conseguido captar la atención de muchos y reunir en poco más de una semana a 290.000 espectadores en multitud de salas de cine de toda España, cosechando por el momento la friolera cifra de 1.700.000 euros, situándose como la mejor apertura del cine español en lo que llevamos de año.

2020 no ha hecho nada más que empezar, y aún tendremos que ver muchos taquillazos y espectaculares películas, pero ‘Adú’ ya está haciendo muchos méritos para convertirse en una de las mejores películas españolas del año y optar a algún que otro premio.

Por el momento, ya se ha ganado el corazón de miles de espectadores.

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